
Junto al cadáver de un suicida se encuentra una carta que dice lo siguiente:
“No se culpe a nadie de mi muerte…
Me quito la vida porque dos días más que viviese serian mucho martirio. Me explico…
Tuve la desgracia de casarme con una viuda. Esta tenía una hija, mas buena que el pan y de haberlo sabido nunca me hubiera casado con ella. Pues mi padre, para mayor desgracia, era viudo y al conocerla se enamoro y se caso con la hija de mi mujer. De manera que mi mujer era suegra de su suegro.

